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Kim Kardashian y Kanye West preparan su divorcio tras siete años de matrimonio

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Kim Kardashian y Kanye West han decidido divorciarse tras siete años de matrimonio. La pareja, según fuentes conocedoras de la situación en declaraciones a varios medios de comunicación de EE UU, ha optado por la separación tras meses de terapia y reflexión. Kardashian ha contratado a la abogada especializada en los divorcios de las estrellas, Laura Wasser. “Están siendo discretos pero Kim contrató a Laura Wasser y están en conversaciones para llegar a un acuerdo”, ha dicho un amigo del matrimonio a Page SixPeople, sin embargo, sostiene que West aún mantiene un hilo de esperanza de que la situación se reconduzca. Hace ya semanas que Kim, de 40 años, no lleva su anillo de casada mientras Kanye, de 43, permanece en su rancho de Wyoming donde ha pasado las vacaciones de Navidad en lugar de hacerlo con la familia Kardashian. La pareja formada por la estrella de la telerrealidad y el rapero ha sido durante los últimos años una de las más famosas y poderosas de la industria del entretenimiento. Kim y Kanye se casaron en 2014 en una ceremonia en Italia. Tienen cuatro hijos: la hija North, 7, el hijo Saint, 5, la hija Chicago, que cumple 3 años la próxima semana, y el hijo Psalm, 19 meses. Ninguno de los dos se ha pronunciado todavía sobre la situación de manera oficial.

Uno de los motivos de la separación, según estas fuentes, son los problemas de salud mental que sufre Kanye West y que se han agudizado en los últimos meses. Paralelamente, Kim Kardashian ha evolucionado en un intento de ser algo más que una estrella de reality. Desde hace tiempo gana mucho dinero como empresaria y se ha tomado en serio sus estudios de abogacía y su campaña de reforma penitenciaria. Mientras tanto, Kanye está hablando de postularse otra vez para presidente.

El rapero ha transmitido en los últimos tiempos que cada vez se siente más incómodo e irritado por la exagerada vida de las Kardashian, como se conoce a la familia de su esposa. En el mes de julio el músico lanzó un tuit en el que ya hablaba de divorcio y otro en el que se quejaba de que la familia le obligara a seguir un tratamiento psiquiátrico. Además, mientras hacía campaña en julio, West divulgó detalles profundamente personales sobre su familia y matrimonio en los mítines y en Twitter en medio de un nuevo ciclo en su trastorno bipolar. En un mitin en North Charleston, en Carolina del Sur, West se puso a llorar al recordar cómo su padre trató de interrumpir el embarazo de su madre y que él pensó en hacer lo mismo cuando su esposa, Kim Kardashian, se quedó encinta. “Casi maté a mi hija”, dijo, en referencia a su hija mayor North West. Según su mesiánico discurso fue un mensaje de Dios el que lo detuvo. Entre otras perlas del discurso, afirmó que “disparar pistolas es divertido” y que si la gente dejara de tener armas, otros países podrían invadir EE UU y así “esclavizar” a sus habitantes.

Su deriva le llevó a decir que su esposa quería encerrarle en un centro psiquiátrico. El día después de su mitin publicó una serie de mensajes en sus redes sociales donde decía “Kim ha intentado traer a un doctor para encerrarme con un doctor”; “Kim está intentando volar a Wyoming con un médico para encerrarme […] porque lloré ayer cuando conté que quería salvar la vida de mis hijas”; o “Si me encierran como a Mandela todos sabréis por qué”. Aunque también decía: “Amo a mi mujer. Mi familia debe vivir junto a mí”.

Kardashian contestó a esos mensajes, asegurando que tenía que alzar la voz a causa del “estigma y los conceptos erróneos sobre la salud mental”. Entonces afirmó que su esposo era una persona “brillante, pero complicada”, y que tenía ”la presión de ser un artista y un hombre negro, experimentó la dolorosa pérdida de su madre, y tiene que lidiar con la presión y el aislamiento que aumenta su trastorno bipolar”.

Kanye West es, probablemente, el artista más egocéntrico de su generación. O, al menos, el que más abiertamente lo admite. Desde que lanzó su carrera musical, a principios de los 2000, West (Atlanta, 1977) ha cosechado alabanzas y críticas casi a partes iguales. En su haber presume de 21 premios Grammy y 21 millones de discos vendidos. Muchos aseguran que su ego desmesurado está totalmente justificado. Se le atribuye el haber renovado el hip hop de la década de los 2000. Su influencia es tal que ha abierto el camino para que superestrellas como Drake y The Weeknd pudieran encontrar un hueco. Y su talento como productor —empezó componiendo para otros y le costó que las discográficas le tomaran en serio como rapero— le ha llevado a firmar temas clásicos para figuras como Jay Z (su mentor y amigo, con el que parece mantener una relación de amor-odio), Alicia Keys y Janet Jackson.

Uno de los puntos más complicados de la negociación del divorcio está siendo la propiedad que poseen en Calabasas por la que pagaron 40 millones de dólares para luego invertir 20 más en renovaciones. La pareja trabajó en la casa minimalista totalmente blanca con el diseñador belga Axel Vervoordt. Kim quiere quedarse con la propiedad porque ahí es donde están los niños y es su hogar. Ella es dueña de todas las tierras y lotes adyacentes alrededor de la casa, pero Kanye tiene la propiedad del inmueble.

Este sería el tercer divorcio de Kim que antes estuvo casada con Damon Thomas y luego con Kris Humphries. Precisamente esta misma abogada llevó la negociación de su última separación. La abogada también ha representado en el pasado a Angelina Jolie, Britney Spears y Johnny Depp, entre otros. La letrada es conocida por promover que sus clientes negocien y lleguen a un acuerdo confidencial antes de que se presenten los documentos de divorcio en la corte.

Fuente: El País

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