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La Guaraña del Terror (1 de 3)

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Por: francisco Matos Mancebo.

Luego de las primeras muertes de ciudadanos chinos a consecuencia del contagio con Covid-19 en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, República Popular China; y a partir de la rápida propagación de este virus más allá de las fronteras de esa Nación, el mundo no es ni jamás será igual.

El tejido social del mundo conocido ha mutado totalmente, por consiguiente, solo nos resta adaptarnos y emprender un nuevo viaje sobre el carruaje de la resiliencia por rutas de nuevas e inevitables realidades en todos los órdenes de la interacción humana y sin aspirar que en este mundo teatro las viejas escenas se reeditarán con los mismos actores, en las mismas plataformas ni con el mismo guion …todo ha cambiado más allá de la previsión humana; pero nunca más allá de la previsión de Dios, quien todo lo tiene registrado en su agenda inerrante e inmodificable: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”. Ec. 1:9

A raíz de esta experiencia y a la visible incapacidad de respuesta satisfactoria de todos los Gobiernos de todos los países del mundo frente a sus ciudadanos, pienso que estamos compelidos a revisar todos los Estados y sus sistemas de gobierno de principio a fin en todo el planeta. Así mismo debe ser revisada la globalización y su proceso de implementación, aunque esta tenga el plácet del neoliberalismo que, sin ninguna duda, ha sido usado como herramienta para destronar del poder de Estado a los Gobiernos.

La escuela globalista neoliberal ha sido inequívocamente efectiva, pues sus propósitos responden a intereses bien definidos como identificables, a un diseño estratégico e interesado y a una subsecuente implementación por actores y Estados clavemente posicionados. Sin lugar a dudas, la ausencia de liderazgos ideológicos en la actualidad ha propiciado alternativas cuyo sentido de justicia y solidaridad por el bienestar humano aún están por concretizarse, aunque sobreabunden en teorías en este sentido.

La ausencia de liderazgo no es porque los hombres y las mujeres de hoy sean menos apasionados a los de generaciones pasadas, sino, porque Estados y gobernantes proceden como colonias y tributarios de la Escuela Económica de Chicago y su corriente de pensamiento, partidaria ésta del libre mercado, originado en los departamentos de Economía en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago a mediados del siglo 20. Ciertamente, los gobiernos han ido perdiendo el control de sus Estados, porque la visión de esta corriente es, atomizarlos, restringir a su mínima expresión sus fronteras orgánicas, especialmente, en cuestiones de economía de mercado, política exterior y valores ciudadanos.

Los premios Nobel en Ciencias Económicas George Joseph Stigler y Milton Friedman, han sido los más destacados artífices neoliberales, pues sus teorías plantean la libertad económica y el libre mercado. Esta propuesta que apoya la libertad económica y el libre mercado tiene como pilares básicos la privatización, el libre juego de oferta y demanda, el monetarismo (los efectos del dinero sobre la economía) y la menor intervención posible del Estado en los temas económicos.

Sin ánimo de denostar a tan laureados exponentes de esta teoría económica, también la prefiguramos como una balanza cuyo fiel es libre mercado con sentido humano; pero que, ni hipotéticamente es posible equilibrar; porque, mientras uno de sus platillos se hunde en la miseria total; el otro se eleva tanto y tanto que, están años luz de distancia.

Este modelo estrangulador ha puesto en manos de particulares y/o empresas privadas el mayor número de actividades económicas de nuestros países; pero, simultáneamente, han limitado constitucionalmente mediante leyes adredemente aprobadas el papel del Estado en la economía y; de hecho, estas leyes reducen las primigenias funciones del Estado, reducen el porcentaje del PIB controlado o administrado directamente por el Estado. De este mismo modo, la apertura de fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros; y peor aún, se ha propuesto la eliminación de restricciones y la no regulación, provocando con esto estragos en nuestras sociedades, pues es infinito el radio de la brecha abierta entre los mentores y beneficiarios de políticas neoliberales y los cardúmenes de humanos empobrecidos atrapados en sus tarrayas.

La implementación de políticas neoliberales ha dado lugar a mega-poderes sombras, donde unos pocos controlan las estructuras del poder, esos pocos que han logrado concentrar riquezas cuyos montos las hacen incuantificables; pero cabe destacar, que la capacidad de los entes orgánicos del Estado tiene una expansión y una capacidad operativa inversa a la que se han agenciado los mentores de políticas neoliberales. Sin lugar a dudas, los catastróficos efectos de estos caníbales del neoliberalismo han sido evidenciados por esta pandemia, la cual no estaba en su presupuesto de macabras estratagemas.

Conforme a lo planteado anteriormente, aun aquellos líderes políticos que en algún momento parecieron acumular un poder por encima de lo racional se visualizan abrumados, reducidos y con opaca apariencia. Procede cuestionarnos: ¿Qué está pasando en el mundo?

Hace tiempo sugerimos la instauración de las escuelas neoliberales. Lo hicimos con conocimiento de causas del fracaso de Estados ideologizados tradicionales como el soviético. Estos pensaron, creyeron y, trágicamente así lo impusieron, que podían resolver todo a través del Estado. En dirección y sentido opuesto tenemos a estos ultras liberales, cuya línea de pensamiento ha sido la creencia de pretender un Estado virtual, sin relevancia ni jurisdicción ni valores trascendentes; pero sí que esté a su incondicional servicio; o sea, un Estado membrete con su sello gomígrafo para que patentice y dé carácter legal a las aberrantes apetencias de esa degradación de la razón eufemísticamente llamada neoliberalismo. Esto explica, por qué, en el caso específico de nuestro país hay acaudalados ciudadanos cuya creciente acumulación de poderes fácticos los reviste de más capacidad en las decisiones del Estado, que las orgánicamente reservadas al Presidente/a de la Suprema Corte de Justicia o de la Asamblea General Legislativa.

Los sucesivos imprevistos causados por la presente pandemia han servido para confrontar a la humanidad con su finitud, pues en todo el planeta no hay un solo Estado en capacidad clínica para detenerla o anular por sí sólo sus secuelas clínicas, emocionales, económicas y; obviamente, ni pensar en las defunciones.

Al momento de redactar y dar a conocer el presente documento, es mi responsable y personal opinión, que los antídotos que recorren el planeta están sobrecargados de una frenética competencia económica, politiquería y falsedades; pues, según entendidos en la materia, falta mucho camino por recorrer en materia de investigación para dar una respuesta curativa definitiva al COVID-19 y a las derivaciones de éste que día a día hacen aparición.

Conforme a la ausencia de uniformidad entre los especialistas de la salud respecto al origen, tratamiento y pronóstico, todavía la respuesta a tan “mortal pandemia” se enmarca en lo especulativo; por consiguiente, soy reiterativo con la afirmación concerniente al carácter comercial de las tan publicitadas curas. A esta órbita especulativa se agrega la desconfianza de muchos en la OMS, pues, con argumentos consistentes la consideran a ésta cómplice de ocultamiento en relación con el origen del virus, ocultando valiosas informaciones a las naciones.

Cabe destacar que la OMS “está colaborando estrechamente con expertos mundiales, gobiernos y asociados para ampliar rápidamente los conocimientos científicos sobre este nuevo virus, rastrear su propagación y virulencia y asesorar a los países y a las personas sobre las medidas para proteger la salud y prevenir la propagación del brote”.

Es una verdad de Perogrullo, que el COVID-19 ha arrodillado a naciones sub y desarrolladas, no solo estigmatizadas como tercermundistas. Esta inocultable realidad que repentinamente hizo emerger un mundo de virtualidades que enclaustra a las sociedades e impone a los seres humanos inhalar el aire que respiran, nos obliga a reflexionar al respecto: ¿Cuántas dosis aun nos esperan?, ¿Qué otros desafíos nos aguardan?, ¿es posible prevenir esos males?, ¿pueden confrontarse exitosamente en un escenario de tantas inequidades?, ¿tiene algún sistema político soluciones efectivas para situaciones   análogas?

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